fuente:

Howard Kassinove
Raymond Chip Tafrate

EL MANEJO DE LA AGRESIVIDAD
Manual de tratamiento completo
para profesionales (selección)

Kassinove y Sukhodolsky (1995) definieron la agresividad como un estado emocional subjetivo. Este estado subjetivo varía en intensidad y duración, así como en frecuencia, y está asociado con ciertas distorsiones cognitivas, conductas verbales y motrices, y determinadas pautas de activación física.
Si bien puede aparecer espontáneamente, lo característico es que se señale a otra persona como la causa de la agresividad. También incluye habitualmente la percepción de que esta otra persona es digna de censura o merece ser culpabilizada.
La agresividad no es una forma de agresión, ¡y la mayoría absoluta de las veces no conduce a la agresión! Se trata, antes bien, de una experiencia subjetiva a la que le siguen de forma característica intercambios aversivos inintencionados con amigos íntimos, compañeros de trabajo y familiares. Aunque la agresividad es bastante frecuente, y a veces útil, puede llegar a convertirse en un problema personal con multitud de consecuencias negativas, que requiera un tratamiento en el contexto de una terapia individual, de pareja o de familia, ya sea en la práctica privada o en un encuadre institucional.

[…] Según los constructivistas, la agresividad es un papel o un guión conductual reforzado y construido socialmenteque aprendemos a seguir. Este guión consta de pensamientos internos, reacciones fisiológicas, y conductas verbales y motrices observables (por ejemplo, Averill, 1982, 1983; Wessler, 1992). Al nivel más amplio de la sociedad y de los subgrupos sociales aprendemos múltiples conductas agresivas que suelen aparecer juntas de forma característica. En otras palabras, aprendemos “cómo” y “cuándo” ser agresivos. De acuerdo con esta perspectiva, la agresividad no es “algo” que existe y que puede ser fácilmente desmontado en sus distintos elementos. Antes bien, la agresividad es un concepto relativamente organizado pero confuso que, al igual que sucede con otras emociones, no es posible definir con absoluta claridad (Russell & Feher,1994). De hecho, los expertos no están de acuerdo respecto de si la agresividad debe siempre contener el elemento de culpabilización o presentar un componente fisiológico o un componente conductual. Tampoco existe un acuerdo unánime acerca de los subtipos de agresividad (por ejemplo, enfado, furia, etc.) o de si la agresividad es diferente de la hostilidad y de la agresión[…]  la agresividad hace referencia a una pasión o emoción en su mayor parte aprendida, experimentada subjetivamente y manifestada públicamente por una persona que vive en una determinada cultura. La agresividad constituye un guión organizado en parte innato, pero que también se desarrolla en gran medida en función del aprendizaje dentro de la familia y en la escuela, a través de la formación religiosa y del modelado de los personajes que observamos en la televisión y en otras partes.
Aunque esta perspectiva constructivista y social pueda parecernos de entrada poco familiar, lo cierto es que todos aprendemos cómo hay que actuar cuando nos sentimos agresivos y cuándo se supone que debemos ponernos agresivos. Analicemos,por ejemplo, algunas de las amplias diferencias existentes entre las distintas culturas. En algunas culturas árabes los hombres aprenden a reaccionar agresivamente por el mero hecho de que una mujer muestre su rostro en público. Por contraste, en Francia y en Mónaco es bastante usual que las mujeres muestren los pechos al aire en la playa, lo cual no provoca ninguna agresividad en absoluto. En Estados Unidos es probable que alguien se ponga agresivo si descubre que su pareja mantiene una relación adúltera. Por contraste, otras culturas permiten la poligamia y sus miembros apenas reaccionan, ni tan siquiera con enojo, cuando la pareja mantiene relaciones sexuales con otra persona. Así pues, la agresividad es aprendida por lo que respecta a las personas, los objetos y las conductas específicas ante las que reaccionamos.
Los profesionales pueden dar por sentado la aparición de diferencias verbales en el guión de la agresividad en función del género, el nivel socioeconómico, la edad, la región de procedencia o el país de origen. En Rusia, por ejemplo, una
modalidad verbal leve y tal vez infantil de expresar agresividad consiste en decir: “Eres más tonto que un tarugo”. Si un adolescente o un adulto se sienten moderadamente agresivos, pueden lanzar la frase: “¡Eres un condón!”, lo que implica estupidez carente de mala intención. Finalmente, una expresión muy
fuerte de agresividad sería: “¡Eres un pervertidor de niños!”. Pero esta última frase no incluye ninguna implicación ofensiva de carácter sexual. Se trata más bien simplemente de una expresión muy fuerte de agresividad. Lo importante es que, por ejemplo, ningún norteamericano utilizaría ninguna de estas frases. Y a su vez los norteamericanos tienen expresiones para expresar la agresividad que no se utilizan en ninguna otra parte. Por ejemplo, la mayoría de los pacientes procedentes de otros países tienen dificultades con la expresión: “¡Eres más tonto que una uña de un palmo!” (You´re as dumb as a doornail!)Tales diferencias idiomáticas sugieren que existen normas culturales aprendidas en el componente verbal del guión de la agresividad.
También existen diferencias en la configuración conductual del guión de la agresividad. Existe cierta evidencia, por ejemplo, de que es más probable que las mujeres griten cuando están agresivas, en tanto que es más probable que los niños varones y los hombres pasen a la agresión física en las mismas circunstancias (Averill, 1982; Kassinove, et al., 1997; Buntaine & Costenbader, 1997). Los pacientes procedentes de los estatus socioeconómicos más bajos, y los adolescentes, son más propensos a utilizar los insultos (Martin, 1997). Los pacientes procedentes del sur de Estados Unidos son más propensos a pasar a la agresión física cuando se sienten agresivos (Nisbett, 1993) y es posible que los norteamericanos de origen japonés sean menos directos que otros norteamericanos en su forma de expresar la agresividad (Komahashi, Ganesan, Ohmori, et al., 1997;Aune & Aune, 1996). Ciertamente, las personas del norte de Estados Unidos pueden parecerles frías y reservadas a las personas procedentes de culturas latinas más expresivas. A su vez, los norteamericanos tanto del norte como del sur pueden parecerles muy cálidos e inapropiadamente expresivos a las personas procedentes de las culturas asiáticas.
Parte del guión de la agresividad es innato y se ha venido desarrollando a lo largo de nuestro pasado evolutivo como elemento integrante de la reacción motriz adaptativa de “ataque o fuga”. En el caso de los animales, este elemento innato consiste en una serie de conductas motrices que pueden incluir el arrojar líquidos pestilentes (las mofetas), hacer ciertos ruidos (las serpientes cascabel), erizar las púas (los puercoespines), etc. […] llevamos mucho de este pasado animal en nuestro repertorio conductual, lo que resulta ser especialmente cierto a propósito de la conducta agresiva.

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Patricia Cárdenas García

Psicóloga Clínica

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