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La interpretación musical estimula los genes y tiene un efecto neuroprotector

fuente: http://www.actualidadenpsicologia.com/interpretacion-musical-estimula-genes-efecto-neuroprotector/

La interpretación realizada por músicos profesionales  podría estimular los genes responsables de algunas funciones esenciales en el cerebro, revela una investigación realizada en Finlandia y publicada por Journal Scientific Reports(Järvelä et al., 2015)

Hasta ahora se conocía el efecto positivo que genera la música sobre las funciones cerebrales, induciendo cambios estructurales y funcionales que mejoran la cognición.   Sin embargo, los mecanismos moleculares que subyacen a la interpretación musical no habían sido explorados hasta ahora.

En el estudio, los investigadores exploraron el efecto de la interpretación musical en un concierto de veinte minutos de duración en los perfiles de expresión genética de los músicos profesionales la orquesta Tapiola Sinfonietta y de la universidad musical de Sibelius-Akatemia.

Entre los resultados encontrados por los investigadores esta que la reproducción de la música mejora la actividad de los genes implicados en la neurotransmisión dopaminérgica, la función motora, el aprendizaje y la memoria.  Por otra parte, algunos de los genes estimulados como SNCA, FOS y DUSP1, de los cuales se sabe que contribuyen a la percepción y ejecución del canto en aves cantoras.

Además, varios de los genes identificados están implicados en procesos biológicos, cómo por ejemplo en la homeostasis de iones de calcio e iones dehierro, los cuales son esenciales para la regulación de las funciones neuronales, la supervivencia y la neuroprotección.

Otro efecto interesante fue que escuchar música clásica provoca una bajada de expresión de los genes asociados a neurodegeneración, lo que disminuiria el riesgo de contraer enfermedades de tipo neurodegenerativo tales como elParkinson o la demencia senil, lo que implica un papel neuroprotector de la música.

Los efectos neuroprotectores observados se extendieron incluso a los que son simplemente aficionados y que escucharon el concierto.

La líder del estudio, la Dra. Irma Järvelä de la Universidad de Helsinki afirmo:

“Los resultados proporcionan una base valiosa para los estudios moleculares sobre la percepción musical, su evolución además de la músicoterapia”.

La depresión ¿cómo podemos entenderla?

fuente: https://www.facebook.com/LiteraturaYPsicoanalisis?fref=photo

Jacques Lacan plantea que los afectos engañan porque van a la deriva, que el único afecto que no engaña es la angustia (porque muestra la confrontación del sujeto con el deseo del Otro). El afecto depresivo no se puede resolver si no se pone “en causa”.

La depresión puede estar vinculada a una pérdida cuyo duelo no se termina de realizar. El sujeto, en lugar de admitir la pérdida del objeto y lo más propio que el objeto arrastró consigo, se ahoga en un estado depresivo que no lo confronta con lo que resulta insoportable asumir: la pérdida del objeto y la falta que queda de su lado. En este sentido la época ofrece alegremente el fármaco que brinda una “indiferencia narcótica”, una especie de casquillo metálico que regula las funciones y en lugar de confrontarlo, lo aísla de los afectos.

Desde otra perspectiva, el afecto depresivo muestra la devaluación, la desvalorización fálica del sujeto en relación al deseo del Otro. El sujeto se siente en menos, pierde el lugar que lo sostenía en el Otro, ya no es lo que era en el Otro y padece una herida narcisista que lo sume en un estado depresivo porque no encuentra un soporte identificatorio por fuera del que el Otro le brindaba. Esto es el correlato del desfallecimiento del deseo.

Frente a la dificultad para sostener el deseo, más allá de la pérdida de aquello que lo sostenía, el sujeto contemporáneo encuentra, paradójicamente, un refugio en la depresión. Encuentra un nombre que le permite identificarse y le da un lugar “soy depresivo” y, a la vez, lo fija a un malestar del cual goza sin poder saber nada.

La depresión actual [*]
Graciela Sobral (ELP) /Fragmento

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Ps.Patricia Cárdenas

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Amor y deseo (en las neurosis)

La división subjetiva entre amor y deseo no es algo privativo de las neurosis, aunque en estas últimas me refiero a la histeria y la obsesión hay dos usos diferentes de este conflicto psíquico. En el caso del obsesivo es corriente que sobre el amor recaiga la indeterminación del saber. De este aspecto echa mano el síntoma fundamental de la duda: “No sé si estoy enamorado”; o bien, si recuerdo la situación de cierto analizante, podría mencionarse la circunstancia en que ante la pregunta de su pareja (acerca de si la amaba), la respuesta fue: “Creo que sí”. Mientras que frente al amor el obsesivo no se determina, respecto del deseo su posición se localiza con mayor simpleza. El obsesivo suele estar tan seguro de lo que desea que, por eso mismo, lo esconde, lo disfraza, lo escamotea o, para usar una expresión de Lacan en La dirección de la cura y los principios de su poder: lo contrabandea. Es el caso de un analizante que luego de disponer del tiempo de la sesión para discurrir en torno a los más variados matices que tenía el curso académico en que se había inscripto, recién al final, antes de despedirnos, hizo una ligera alusión a una muchacha que había conocido en los primeros días de clase. Ahora bien, en el caso de la histeria la división toma otra forma. Mientras que, por lo general, para el obsesivo la división entre amor y deseo suele plantearse de manera excluyente (amo pero no deseo, o bien deseo a quien no amo), en el sujeto histérico ambos modos de relación con el Otro se recubren. Podría decirse que donde la obsesión propone la estructura de la reunión (“alienación”, tal como Lacan la llama en el seminario 11) para el histérico se trata de la intersección (o “separación”, como segunda operación de constitución del sujeto). Donde el obsesivo se indetermina, el histérico hace valer su ser de deseo… aunque de forma igualmente sintomática. Es conocida la respuesta típica del histérico ante el deseo del Otro: la defensa ante la posición de objeto. Recuerdo el caso de una analizante a la que, en cierta ocasión, luego de que dijera que el hombre con el comenzaba a verse “nada más” quería acostarse ella, le sugerí que “también podría decirse que nada menos”; o bien, la situación de esa otra analizante que se preguntaba si el hombre la quería a ella o a su cuerpo, en la que no pude dejar de pedirle que especificara la diferencia entre ambas instancias. “No vamos a arruinar este momento con una demostración de la existencia del alma”, le propuse al saludarnos. Sin embargo, por conocida que sea la posición defensiva de la histeria, no es tan evidente que el drama amoroso sea la vía con que se recubre la presencia inquietante ante el deseo. Es en la histeria que encontramos, con mayor frecuencia, las más diversas fantasías en torno al amor y sus vicisitudes: desde la expectativa de que el Otro sea el “adecuado” (una de cuyas versiones es la del “príncipe azul”) hasta los temores respecto de cuánto podría durar la relación. Porque si en última instancia se va a consentir, más vale que sea con motivos. Dicho de otro modo, en este punto es que se pone en juego el modo en que se espera que alguna garantía sostenga el amor para condescender al deseo. He aquí el núcleo de lo que Lacan llamaba la “armadura” del amor al padre en la histeria. Por supuesto que no se trata de la figura del padre como tal (“el progenitor”, podríamos decir). Respecto de esta cuestión más vale volver a ser freudianos, ya que es lo que puede advertirse en el primer sueño del caso Dora, que Freud interpreta en términos de un “refugio en el amor al padre” ante la coyuntura del escena en que fuera requerida por el señor K. La versión del padre (la père-version) de la histeria consiste en hacer del amor el lugar desde el cual denunciar la seducción del Otro. De este modo, histeria y obsesión comparten el hecho de ser modos de división entre amor y deseo, pero tratan este conflicto de maneras diferentes, lo cual tiene importantes incidencias en la orientación del tratamiento. Es inútil forzar al obsesivo en la vía del reconocimiento del “ser- para- el- amor”, tanto como lo es apuntar a que la histérica consienta sin más al deseo. De la misma manera que no hay análisis de la obsesión que no atraviese los camuflajes y trampantojos del deseo, ni análisis de la histeria que no deba dedicar un buen tiempo a las versiones y semblantes del amor. fuente: http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2015/07/02/opinion/OPIN-02.html

Consejos para calmar la crisis de un niño con autismo por Lucila B.

El autismo es un trastorno neurológico y del desarrollo que comienza en la niñez y se prolonga por el resto de la vida de una persona. Fundamentalmente, afecta el comportamiento, la interacción con otros, la comunicación y el aprendizaje.

Los especialistas suelen referirse a esta condición como trastorno del espectro autista (TEA) por la amplia diversidad de síntomas que pueden presentarse. Si bien se desconocen sus causas, las investigaciones señalan la importancia de la genética y los factores ambientales, según explican en el portal informativo médico Medline Plus.

Quienes tienen esta condición neurológica pueden sufrir crisis o manifestar conductas desafiantes.  Daniel Comin, director y autor del sitio Autismo Diario y padre de un niño con autismo, señala este tipo de comportamientos no son el problema, sino la consecuencia. “La no comprensión de los diferentes contextos socioculturales genera una conducta inadecuada, la carencia de habilidades para gestionar las diferentes situaciones es un detonante a estas situaciones, y está evidentemente conectada a las capacidades de comunicación y comprensión social de la persona”, explica.

No todas las personas con TEA manifiestan este tipo de crisis. Sin embargo, en caso de que lo hagan, es importante saber qué hacer para ayudarlos a recuperar la compostura.  El artículo se centra en los niños porque son ellos quienes suelen presentar estos desequilibrios con mayor frecuencia e intensidad. Además, resulta fundamental que aprendan a reconocer y apaciguar tales conductas antes de alcanzar la edad adulta.  Recuerda que cada persona es distinta. Lo que es efectivo para una, puede ser perjudicial para otra.

Cómo diferenciar un berrinche de una crisis

Para aprender a tratar las crisis, es necesario saber identificarlas y distinguirlas de los berrinches. Estos últimos pueden presentarse tanto en niños con TEA como en aquellos que no tienen este trastorno.

1. Cuando tiene una crisis, un niño con autismo no se muestra preocupado por que las personas a su alrededor reaccionen de alguna manera a su conducta. En cambio, quien hace un berrinche, mira a su alrededor para ver si su comportamiento genera alguna reacción.

2. En el medio de una crisis, un niño autista no se preocupa por su seguridad o la de quienes lo rodean. En un berrinche, un pequeño tiene la precaución de no lastimarse.

3. Un niño que hace un berrinche tratará de sacar algún provecho de la situación en la que se encuentra. En cambio, un niño autista en crisis no estará interesado ni involucrado en la situación.

4. Los caprichos se terminarán súbitamente, una vez que la situación se resuelve. Las crisis se diferencian por aliviarse lentamente.

5. En una crisis, sentirás que nadie controla la situación. Con un berrinche, te parecerá que es el niño quien tiene el control.

6. Las crisis suelen originarse cuando un deseo específico es prohibido. Una vez desencadenadas, deberán seguir su curso, ya que nada logrará satisfacer al niño. En cambio, los berrinches tienen el objetivo de alcanzar una meta específica. Cuando esto sucede, todo vuelve a la normalidad.

Algunos consejos para calmar una crisis

Lo mejor que se puede hacer es evitar llegar al extremo. Es posible prevenir este tipo de conductas para que no se repitan. Para que el niño no pierda el control, es importante que sus padres o quienes lo cuidan puedan reconocer el comportamiento y ayudarlos a recuperar la compostura.

1. Observa bien al niño e intenta identificar aquellas señales que indiquen que está por tener una crisis.

2. Las crisis suelen tener un detonante. Para prevenir este tipo de conductas, te ayudará mucho saber qué las desencadena.

3. Escoge tus batallas. Intenta no desencadenar una crisis por algo insignificante.

4. Si el detonante hace que la situación no pueda resolverse de manera racional, intenta distraer al niño o desviar su atención. Esto no siempre funciona, ya que puede hacer que desplacen su obsesión hacia otra cosa.

5.  Intenta reducir los estímulos sensoriales, como la televisión, la música o las luces muy intensas.

6. Mientras intentas distraer al niño, háblale suavemente acerca de su comportamiento y hazle saber que debe calmarse. Es muy importante no hablar en exceso ni levantar el tono de la voz, ya que esto puede alterarlo aún más.

7. Retira cualquier objeto que pueda lastimarlo o lastimar a otros. En lo posible, evita tener a mano objetos que pueda arrojar a otros. En cualquier caso, nunca deberías dejarlo solo.

8. Intenta separarlo de otras personas. Si es posible, llévalo a unaHABITACIÓN tranquila hasta que se calme.

9. A algunos niños, los masajes los ayudan a relajarse. Intenta masajear sus sienes, sus hombros o frota su espalda. Ten la precaución de hacer movimientos suaves.


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FUENTES:

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